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Silencio.

24 noviembre 2025

Siento mi mano débil, temblorosa y  tengo que esforzarme para lograr que la llave entre en la cerradura. Era nuestra casa; ¿lo sigue siendo?. Estoy dentro pero no he escuchado la puerta cerrarse tras de mí. El pasillo está en penumbra,  al fondo en el salón hay una claridad azulada que entra por el balcón.  Todo permanece igual, en su sitio, no hay movimiento alguno, todo quieto.  Tu ya no estás y ahora aquí habita el silencio.  Los muebles, los cuadros, los pequeños objetos que fueron recuerdos, los armarios llenos de ropa, que no me atrevo abrir, son esas trocitos de coral y piedras artificiales que alguien ha puesto dentro de un acuario sin peces. Silencio es lo único que aquí dentro cuenta, lo único que existe. La Muerte te ha llevado a ti y  ha hecho de mi cuerpo una pequeña región de fronteras inciertas dentro un mundo  extenso, mudo y sordo; su nombre Silencio. He entrado en el dormitorio, con la esperanza de percibir un temblor,  una vibración con tu olor, algún resto, la onda debilitada  en el estanque: y no, el agua es una superficie tensa, perfectamente  aplanada. Me voy a la cocina, porque allí quedaría, posiblemente, esperanzadoramente, un rescoldo, una ceniza, una partícula con calor. Pero este lugar no es diferente del espacio, del firmamento  donde flotan planetas y estrellas, sin temperatura, sin fiebre, sólo él, el que calla.   Voluntad o instinto, o ambos me aconsejan que no pronuncie más ese nombre; sin ti, se ha apoderado de mí. Lo que queda de mi vida me traslada  a una mañana de otoño en que tu  y yo vimos en el cielo la gran bandada de las grullas grises y blancas, con ellas me marcho porque está ya no es mi casa y tu no vas a regresar a ella. 

Manos.

6 abril 2023

El furgón recorría la carretera sin tráfico, una mañana de septiembre. La mano del niño estaba encima del motor, que en medio de la cabina separaba los dos asientos; sentía su trepidar bajo la tapa de lona que lo cubría. Pensaba que era la primera vez que iba en el asiento y que se estaba mejor que cuando tenía que ponerse encima del motor.

—Papá hoy corremos mucho.

—No hay coches y podemos ir a más velocidad, pero sólo llevamos un poco más de la normal, fíjate en la aguja, casi llega a cien, pero no pasa de ahí —respondió su padre, que sujetaba el volante con fuerza, más de la requerida para dominar la dirección, mientras el niño miraba por la ventanilla el paisaje.

—Hay árboles al lado de la carretera, pero como vamos muy rápido, no me da tiempo a verlos. Pasan unos detrás de otros y desaparecen. Es como si se borraran, como si estuvieran hechos de humo y en un momento estuviera allí el árbol y luego dejara de existir… ¿Eso es lo que sucede cuando alguien se muere? —terminó preguntando el niño.

Luego los dos escucharon el silencio.

—Me gusta ir sobre el asiento, como si fuera una persona mayor. Pero preferiría que mamá estuviera aquí sentada y yo estuviera otra vez en medio, sobre el motor y entre vosotros, como antes de que ella…

El conductor levantó por un instante las manos del volante, lo justo para poder contener el vacío dentro de sí, para que no saliera de su interior y se tragara el mundo y a su hijo con él.

Era un hombre con unas manos fuertes, con una de ellas llevaba el volante con la otra sujetaba la mano pequeña y blanca del niño.

La carta.

6 abril 2023

-No te he visto hoy en el patio.

-Me he quedado en la celda, no me sentía con fuerzas. Quizás esté enfermo o simplemente débil.

-Hoy hace cuatro años que entramos. Hemos sobrevivido y estamos más cerca de la libertad. Aférrate a eso, aliméntate con ello, eres fuerte y has llegado hasta aquí.

-Tu no has visto al gitanillo colgando de una cuerda, desde entonces algo se ha desmoronado dentro de mí. Leer más…

La visita.

8 febrero 2023

Voy con mi madre cogido de la mano, sin soltarme, de vez en cuando hago fuerza y aprieto su mano porque me gusta que sepa que caminamos juntos y que no me separo de ella. Nunca he visto estas calles, aquí las casas son bajas y pequeñas, no hay adoquines, ni aceras, sólo hay tierra como en el descampado de mi barrio y en la marmolería donde juego con mis amigos. Unos niños mayores están echando un partido y también hay unas chicas jugando a la goma y cuando pasamos se nos quedan mirando. Nos hemos parado en un portal con la puerta toda de madera, Leer más…

La maleta.

5 febrero 2023

Ha sonado el teléfono y durante un instante he pensado que no debía cogerlo, ni siquiera ha sido un pensamiento, se asemejaba más bien a una imagen que apenas se llega a formar en la mente, la visión de una sombra dentro de un lugar en penumbra; sí, la sombra de una advertencia y sin embargo he descolgado.

       -Debes venir, tienes que venir pronto- es Jacobo, que habla atropelladamente.

        -¿Qué ocurre?.

       -Tienes que venir, por teléfono no lo entenderías, tienes que venir. Por favor, ven rápido.

He pedido un taxi y antes de salir de mi casa miro por la ventana, para tranquilizarme, para reconfortarme porque allí al otro lado del cristal, el mundo existe y está lleno de luz, de aire, del suave sol de la primavera. Leer más…

Misericordia.

28 diciembre 2022

Al  otro lado de la pared está el camino de los leprosos. El muro de adobe se  levanta con la altura  de dos hombres corpulentos y se extiende durante más de un estadio entre el pozo de cal  y el puente viejo, donde gira el río hacia poniente. Antes hubo otro muro, no tan alto  y de fábrica endeble que un día los leprosos se atrevieron a superar, penetraron en la gran huerta Leer más…

Silencio.

23 diciembre 2022

Siento mi mano débil, temblorosa y  tengo que esforzarme para lograr que la llave entre en la cerradura. Era nuestra casa; ¿lo sigue siendo?. Estoy dentro pero no he escuchado la puerta cerrarse tras de mí. El pasillo está en penumbra,  al fondo en el salón hay una claridad azulada que entra por el balcón.  Todo permanece igual, en su sitio, no hay movimiento alguno, todo quieto.  Tu ya no estás y ahora aquí habita el silencio.  Los muebles, los cuadros, los pequeños objetos que fueron recuerdos, los armarios llenos de ropa, que no me atrevo abrir, son esas trocitos de coral y piedras artificiales que alguien ha puesto dentro de un acuario sin peces. Silencio es lo único que aquí dentro cuenta, lo único que existe. La Muerte te ha llevado a ti y  ha hecho de mi cuerpo una pequeña región de fronteras inciertas dentro un mundo  extenso, mudo y sordo; su nombre Silencio. He entrado en el dormitorio, con la esperanza de percibir un temblor,  una vibración con tu olor, algún resto, la onda debilitada  en el estanque: y no, el agua es una superficie tensa, perfectamente  aplanada. Me voy a la cocina, porque allí quedaría, posiblemente, esperanzadoramente, un rescoldo, una ceniza, una partícula con calor. Pero este lugar no es diferente del espacio, del firmamento  donde flotan planetas y estrellas, sin temperatura, sin fiebre, sólo él, el que calla.   Voluntad o instinto, o ambos me aconsejan que no pronuncie más ese nombre; sin ti, se ha apoderado de mí. Lo que queda de mi vida me traslada  a una mañana de otoño en que tu  y yo vimos en el cielo la gran bandada de las grullas grises y blancas, con ellas me marcho porque está ya no es mi casa y tu no vas a regresar a ella. 

Cuando nieva en mayo.

4 diciembre 2022

Todos los toreros tienen manías y ritos y él tenía los suyos. Estaba tumbado sobre la cama, boca arriba, vestido del todo salvo la chaqueta que reposaba extendida a su costado, era su compañera silenciosa. Así pasaba las horas antes de partir hacia la plaza, mirando el techo de la habitación, los ojos bien abiertos. Comenzaba por rezar, hasta que Leer más…

El Cielo y la fábrica.

27 octubre 2022

“No hay nada más grande que el Cielo. Ni la selva es más grande, ni el mar que nunca he visto. El mar lo contempló Higinio cuando estuvo en Punta del Este para traer la máquina de desgranar el choclo y también lo conoce el páter Abelardo que llegó de España”. Eso se decía para sí misma Justina con sus ojos azules fijos, sin pestañear, clavados en la fábrica de los telares. Era el primer día que entraba a trabajar y recelaba de aquel edificio Leer más…

Los álamos blancos.

6 septiembre 2017

Estoy caminando ente los álamos en este paraje de árboles blancos atravesado por un pequeño rio. Hacía tiempo que no venía y sin ningún motivo he regresado hoy. Nunca he encontrado a nadie paseando por este lugar que no está lejos de la zona urbanizada del pueblo y tardo unos pocos minutos en llegar desde la puerta de mi  casa, sin embargo podría decirse que es un espacio que  habita la soledad. Leer más…